domingo, noviembre 06, 2005

La inocencia

La inocencia es amar a un hombre como si fuera el único. Negarse con soberbia a penetrar otras bocas. Inocencia para pensar que ése es el único abrazo capaz de contenerte.
¿Qué le espera a una mujer sin inocencia? Pierden credibilidad las excusas. Ya no se pueden romper los platos alegando locura momentánea. Cuando la frontera queda a las espaldas, no se puede volver jamás.
Y aquí el idioma es diferente. Son otros los gestos, el olor. Las palabras se tornan escandalosas y densas. Como la piel del durazno atravesando la garganta, lo áspero es un placer.
Pienso en las mujeres que me antecedieron. Entrañables mujeres amasadoras de pan, olorosas de hierba buena. Desenredan pacientes mis cabellos, estas mujeres antiguas, cuando las busco con los ojos asustados, a la luz de la vela.
Están aquí, en mi saliva, probando las nuevas frutas. Están aquí, en mis sandalias, embarrando mis pies al borde del río. Están aquí, en mis rodillas, cuando otra agua invade mis límites.
Vamos juntas, mis mujeres entrañables y yo, compartiendo noches en blanco y recetas de cocina. Apresurando mis pasos para recibir desnuda la luz del sol.
¿Qué le espera a una mujer sin inocencia? Como la piel del durazno atravesando mi garganta, lo áspero es apenas el preludio de una pulpa jugosa y afilada, dulce y tortuosa. Encantadora.
Sólo espero que mamá no me vea.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

buscando he llegado, siguiendo un rastro te encontre, tu camino es el de muchas que vamos despertando, al calor de nuestros cuerpos, al amor de los hijos paridos y amados desde las entrañas esas que se inician dando raices desde el útero y el pecho de leches y mieles hasta dejar desarrollar las alas de la libertad y la vida. Me ha encantado conocerte, saber que estas ahi

7:23 a.m.  

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