jueves, enero 12, 2012

Pequeñas crueles puntas

Volví a caer sobre las rodillas. El año pasado sobre las piedras de caliza, las pequeñas crueles puntas. Esa vez (tan lejos de casa) el dolor casi me vence, pero después recordé quién soy y no lloré. Quedó de entonces una linea oscura. Hace unos días, resbalando me caí. Las rodillas. Se van marcando los caminos del fin.

lunes, diciembre 05, 2011

Si las palabras me quieren

Como lija por su piel pasan los días. En las comunidades, puede pasarse horas escuchando, mirando los rostros, escuchando las voces, oliendo los cuerpos. Las razones que dicen esas bocas son las razones. Las manos que le ofrecen son las manos. Lo que en ese espacio mira, permanece en los ojos. Como ser otra vez, después de tantos años. Retornar siendo otra.

Como lija por su piel pasan los días. Las dudas, las ausencias. Gracias al dios, porque solamente aquélla a quien revuelcan las olas de las mujeres y los hombres podrá después, si las palabras le quieren, escribir.

jueves, diciembre 01, 2011

Uno y dos

El amor resultaba ser esto:
Nutrirse del hombre que se ama, y luego, con el ajayu suyo incorporado en el propio, juzgándole vacío y quieto, apartarse y abandonarse en el mundo, extensa y habitada.

(pero con él, ella y él habían sido uno. Y ahora que habían
dejado de ser
juntos,
ella era también dos)

martes, mayo 24, 2011

dónde

galopa el abismo en mi pecho

¿dónde descansaré?

martes, mayo 10, 2011

Como si

Dónde estaba la pasión. Y su promesa, dónde estaba.

Cada día más lejos.

Vivía como si la vida fuera para siempre. Postergaba sabiendo que perdía
como si eso no importara.

lunes, abril 25, 2011

Una hija

Un par de días después quiso volver a hablar conmigo de todo eso, y me llamó. Era para corregir su respuesta. Yo le había preguntado sobre su infancia en la hacienda de su padre, sobre los peones y de cómo él se llevaba con esos peones. Me había dicho cosas, pero quería corregirlas, una especialmente. Lo recuerdo en la mecedora de su cuarto junto al teléfono, mirándome, y yo sentada al borde de su cama. Era en la tarde.

Sí me trataban diferente, me dijo. Me decían "patroncito".

Aquella palabra, aparentemente cariñosa, pero también ordenadora, lo iluminaba todo con una luz distinta. Más cercana a la realidad que aquella de los recuerdos de su infancia, tal vez.

En ese entonces, a padre le faltaban apenas un par de años para entrar a la vejez. En ese tiempo yo no era nada. Apenas la hija extraña que él se esforzaba por aceptar.

He reflexionado mucho sobre eso: el pasado hacendal de mi padre, y de cómo esa herencia ha llegado hasta mí y hasta mis hijos incluso.

De cómo convivimos con la herencia incómoda de nuestros padres.

Pero esa tarde, el mío me dijo eso, ya casi viejo, mirándome de frente y sus ojos eran limpios. "Patroncito", él había sido apenas un niño, y en ese instante yo fui nada más que una hija.

miércoles, marzo 09, 2011

Casi nada

Se fueron los carnavales. Padre entre cerros, allá tan lejos, en aquella casa que era la casa de su padre. Yo en cambio aquí, tan lejos, con los hijos en esta ciudad que fue la ciudad de mi madre, cuando vivía su abuela y ella maniataba sus cabellos en una trenza gruesa. Poco, casi nada dice ella de ese tiempo.

Cuando nos atrapa el silencio nos veo, a los hijos y a mí, bufando casi vencidos apenas por encima del agua.