miércoles, octubre 29, 2008

El guapurú

Es peligroso Francisco con los bolsillos llenos de guapurú, la cara sucia de sudor y tierra, las rodillas rasmilladas, la ropa mugre. Es peligroso Francisco metiendo la mano al bolsillo, sacando bolitas negras que pone en mi mano. Es peligrosa mi mano y los dedos que llevan ese guapurú a mis labios primero, los dientes que rompen la cáscara, los labios chupando, la lengua recibiendo aquellas pepas blancas, vestidas de fruta. Cuántas veces, cuántas veces. Podrían mis brazos y mis piernas decir, si pudieran, la suavidad de ese tronco, sus cáscaras delgadas de corteza, y cada tanto sus ombligos hacia afuera que raspan un poco, pero que después se hinchan, se hacen verdes, se van pintando y se ofrecen negros, brillosos, completos. Los árboles de guapurú estaban para treparlos y sus troncos ofrecidos estaban para pellizcarles el fruto, dónde existe un árbol más generoso, justo ahí, al lado del corral de ordeño, apenas cruzando el alambre, cuántas veces, cuántas veces, ahí donde ahora sufre la tierra apisonada de micros, de paredes, de bardas, sin que le brote una sola brizna verde. Es peligroso Francisco este fruto, tan pequeño y dulce, de un tiempo que ya no está, que no me dijeron que terminaría, que era el paraíso, pero yo no sabía.

1 Comments:

Blogger Ricardo Eid said...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

10:42 a.m.  

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