domingo, noviembre 05, 2006

Siete preguntas en mi aniversario

Ayer cumplimos un año, esta bitácora y yo. Como todos los festejos que se precien, nos lo pasamos flojeando irresponsablemente. Pero hoy que es domingo y hay viento, aprovecho para compartirles algunas reflexiones fruto de este año de aprendizaje.
Felicidades, muchas felicidades.

SIETE PREGUNTAS DESDE MI INÚTIL ARDOR

1. ¿Cuál es el centro del mar?
No soy fanática de la tecnología, pero cuando supe de las bitácoras, me pasé muchas horas navegando, fascinada por la variedad y la cercanía que proporcionaba la posibilidad de establecer múltiples discursos, libres de aparentes mediaciones que pudieran determinarlos o constreñirlos.
Semanas después, envalentonada, creé mi propia bitácora, pensando, entre otras cosas, que era una oportunidad para tener más lectores.

De eso hace un año. Y ahora me pregunto ¿cuál es el centro del mar? es decir, más allá de las páginas que te permiten abrir tu propia bitácora, el resto es de una pluralidad más que orgiástica. Cualquiera puede tener una. Algunas más leídas que otras, eso sí. Pero la ausencia de un centro todopoderoso parece garantizar acceso libre y satisfacción inmediata.

2. Y cuando no hay centro ¿tampoco hay margen?
Este es un problema de clasificación. Para ubicar un centro, debemos poder diferenciar entre por lo menos dos tipos de elementos: los que pertenecen al centro y los que pertenecen al margen.

En el universo de las bitácoras, esas categorías no existen. No se trata de que hayamos encontrado el remedio a las desigualdades. Se trata de que todos existimos como minúsculas gotas en medio de un océano infinito. Somos por lo tanto tan pequeñas, que es casi imposible que toquemos, influyamos o establezcamos comunicación con quienes están por fuera de nuestra humana y restringida inmediatez.

Es muy probable entonces que al no haber centro todos estemos navegando en nuestro pequeño y limitado margen. Visto desde otro lado, podríamos considerar que cuando no hay centro, todo es margen.

3. Si todo es margen ¿cómo subsiste la diferencia?
Si las bitácoras fueran realmente un universo paralelo, ya hubieran desarrollado sus propios mecanismos de poder, de diferenciación y distanciamiento. Pero no. Las bitácoras forman parte de una organización social que preexiste y que la determina, aunque pretendamos que no.

Nosotros somos el resultado de una cierta estructura social, que desde temprano nos alecciona acerca de qué es lo deseable, lo emocionante, lo valioso, lo importante. Cuando llegamos a las bitácoras, reflejamos y reproducimos en ellas nuestra forma de ver y entender el mundo. No basta tener una casa nueva para de repente ser capaces de habitarla de un modo distinto a como habitábamos nuestra viviendo anterior. En las bitácoras buscamos por tanto lo mismo que buscamos por fuera de ellas: datos históricos, crónicas de viaje, pornografía, recetas de cocina, literatura, novedades tecnológicas, qué sé yo. Y claro, también ordenamos y clasificamos nuestras preferencias de acuerdo a un patrón que no es necesariamente nuevo, sino que lo traemos de otros espacios, anteriores a las bitácoras y sus posibilidades.

La diferencia subsiste entonces, del mismo modo como subsiste en otras partes: comunidades, cofradías, clubes, grupos de interés, etc.

Porque claro, por más variado que sea el menú, nadie puede obligarte a comértelo todo. Lo más probable es que, para vencer la incertidumbre, terminemos comiendo lo mismo que comemos en casa. O por lo menos, lo que sea un poquito diferente. Pero sólo un poquito.

4. Pero si es más de lo mismo ¿cuál es la novedad?
Me parece que la primera novedad es la no restricción. Me habrá llevado media hora abrir mi bitácora. Lo hice en mi oficina, absolutamente sola, sin ninguna aclaración técnica previa. Convengamos que el diseño de mi bitácora es de lo más rudimentario, pero ahí está, activa y saludable.

Puedo rastrear las páginas de otros por palabras de interés, por nombres de autor, por temática, por país de procedencia, etcétera. Es decir, puedo buscar sin límites. Y encontrar, también.
Es gratis. El mantenimiento no demanda dinero. Subsiste sin publicidad. No necesito adquirir software nuevo, ni pagar derecho de uso, ni impuestos.

Además de acceso irrestricto, también puedo comentar las bitácoras de otros. Y si tengo algo de suerte, me contestan.

Puedo acceder de una manera distinta a otras realidades. Es decir, mi conocimiento ya no estará sesgado por las políticas institucionales de los medios, ni por las distancias geográficas, ni por la censura de los gobiernos. Cualquier ciudadano alfabetizado puede describir su país, su coyuntura, o más cerca, sus preferencias literarias, el cuerpo de su amante o los detalles de su bicicleta.

5. Entonces ¿resultó ser verdad eso de que iba a tener más lectores?
Sí y no. Sí, porque Inútil Ardor, que así se llama mi bitácora, es leída por personas que jamás han leído un libro mío.

Y también no, porque siguen operando, en este nuevo escenario, las mismas viejas relaciones de poder que ordenan también otros ámbitos de este nuestro mundo.

Escribo desde Bolivia, un país con casi nulo reconocimiento literario hacia fuera, cuya relevancia se circunscribe casi totalmente a lo que por fuera es leído como nuestras excentricidades políticas. Escribo, en este país ‘curioso’, una bitácora que pretende ser sobre todo poética, lo cual restringe también la cantidad de entradas.

Escribo en castellano. Escribo desde mi ser mujer. No hago comentarios literarios, ni cinematográficos, ni amistosos. No coloco fotos en mis textos. No coloco fotos sexis en mis textos. No lanzo concursos, ni convocatorias, ni hago preguntas a mis (posibles) lectores.

6. ¿Y por qué sigo?
Porque tengo más lectores.

Porque me encanta sentirme acompañada en la escritura.

Porque me fascina que me comenten.

Porque me obliga a mantenerme escribiendo, de forma diaria y compulsiva, aunque no vaya a postear todo.

Porque la necesidad de postear me ha obligado a buscar y encontrar temas que antes no hubiera considerado ni interesantes, ni contables, ni publicables.

Porque el orden cronológico de la bitácora me ha permitido visualizar mi propio proceso de experimentación, aprendizaje y cambio.

Porque me ha abierto un espacio donde subsisto de otro modo: donde voy construyendo de forma cotidiana y casi inconsciente un cierto personaje, en una determinada época histórica, al que le suceden ciertos avatares, a los cuales reacciona de una específica manera.

Porque mi bitácora contiene la constatación pública de mi cotidianeidad como materia literariamente valiosa, y por lo tanto, legítimamente subjetivante.

Porque me permite vislumbrar a través de los comentarios, las experiencias y apetitos de mis lectores, haciéndose también ellos sujetos, al igual que yo.

7. En este océano infinito, discretamente restringido pero inequívocamente múltiple ¿hay brújula posible?
En este poco menos de un año de bitacorera, he pergreñado una brújula casera que, aunque rudimentaria todavía, me ha estado salvando de naufragios y rescatando de tormentas. Mi norte es la honestidad. Sin poner en duda la honestidad de nadie, y sin desmerecer la definición que cada uno pueda tener de ‘honestidad’, para mí, la honestidad en mi específica bitácora pasa por lo siguiente:

Identidad, sexo, nacionalidad, edad y maternidad claras, para dejar constancia de la situación específica desde la cual escribo. Foto incluida.

Textos cortos en la medida de lo posible, porque tengo amigas que leen bitácoras a escondidas del jefe, y no quiero enturbiar sus relaciones laborales.

Textos recientes, porque parto del principio de que las bitácoras, desde su misma naturaleza, giran alrededor de la inmediatez. Colgar textos antiguos, maduros y trabajados, me parece engañar a los lectores (que asumen que uno coloca lo que más recientemente ha escrito), y competir deslealmente con quienes sí postean solamente lo que recién les ha salido del horno.

Renovación constante, que quiere decir por lo menos dos veces a la semana, también en atención a la naturaleza del escenario que me acoge, y por respeto a los lectores que no entran apenas una vez por mes al Internet. Pienso que no postear con cierta frecuencia es como invitar a tus amigos a la casa y ofrecerles el café frío que serviste ayer.

Así, cuando te toque callar por más de una semana, ese silencio también estará diciendo algo, y no será nada más que una simple constatación de tu desidia o de tus múltiples ocupaciones.

No hablar mal de nadie. Y si la rabia o el dolor me carcomen, decirlos, pero sin proporcionar nombres.

No hacer propaganda; ni de mí, ni de nadie, ni de nada.

Postear textos que me provoquen orgullo; es decir, no postear por postear.

Esto es lo que he aprendido. Esto es lo que ofrezco.

Estos son los principios desde los cuales escribo.

7 Comments:

Anonymous una simpática bloguera said...

Las razones son válidas según desde dónde se las mire. Todas albergan un peligro al que se puede caer irreversiblemente.
Esto nos está cambiando hasta la forma de mirarnos al espejo.

La necesidad -de un lado y de otro- de inmediatez es un peligro del que todavía no estamos conscientes.

9:25 a.m.  
Blogger CAPSULA DEL TIEMPO said...

Querida Claudia: Para mí es un gusto tener tan cerca tus letras a diario y cuando quiera verlas a través de la pantalla.

Feliz aniversario!

10:21 a.m.  
Blogger jorge angel said...

¡feliz cumpleblog!

besos

12:02 p.m.  
Anonymous Selim said...

Hay muchas cosas que no sabes en esta racionalización de tu océano. Por ejemplo que a partir de tu “Inútil Ardor” me acerque a la poesía.

3:14 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Compañera!!

muchas, muchas felicidades por tu primer año y que vengan un monton de ingeniosos y sensibles posts mas...

sabes? no tengo claro aun donde nos llevara esto de postear preiodicamente, quien sabe?

lo que si se es que de alguna manera y desde algun lugar crecemos, y solo por eso vale la pena....

un abrazo
valentina

11:04 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Hoy queremos que seas feliz y que brinque tu corazon que se oiga hasta el pirai ele co de esta cancion!!
Felicidades (Parabens)

8:42 a.m.  
Blogger Marco said...

Honestidad. Ese es el sustantivo.
Felicidades. Por el aniversario y por los versos.

5:35 p.m.  

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