jueves, enero 04, 2007

Lo perdido

Ya recuerdo cómo era el cuaderno que perdí: tapa dura y naranja, espiral a un lado. Recuerdo que lo elegí por el color centelleante. El dibujo de una niña en la cubierta. ‘Hair’ decía una flecha apuntando su cabello alborotado. ‘Blue’ la flecha que mostraba sus calcetines.

Lo empecé los últimos días de 2005, en un alojamiento en Cochabamba, una casa enorme y antigua. Habíamos viajado con toda la familia (padres, hermanas, cuñados, sobrinas) y ocupábamos dos cuartos. Recuerdo ese alojamiento como lo más lindo de todo el viaje. Una mañana hubo salteñas, y comimos en una terraza al sol, manchándonos las manos, en asientos improvisados. Y después comimos duraznos, frutillas, cerezas. Mi madre prefiere los higos. Dormir juntos, levantarse juntos, planificar juntos el día, y vivirlo juntos también.

Pero por las mañanas el tiempo fue mío unas dos o tres veces. Salía temprano del cuarto y buscaba un árbol o un pedazo de cielo, y escribía febril. Pensaban que escribía del viaje, pero no. Tatuaba el cuaderno naranja de abismo y rayos de sol. Entonces era nuevo, y lo estrené un día antes del viaje: era todavía una promesa.

En la entraña de ese cuaderno hay un cuento de vacas, y la historia de un deseo que hasta ahora no consigo enhebrar.

2 Comments:

Blogger jorge angel said...

el mío era una carpetita negra de tapa dura, y me acompaño en un viaje más complicado y largo, la adolescencia.

besos

2:37 p.m.  
Blogger claudia peña claros said...

un ángel adolescente, si, debe ser complicado y doloroso. ¿vos también lo perdiste? ojalá lo puedas encontrar; yo lo hice casi por casualidad, te cuento, y pude leerlo otra vez. los recuerdos siempre son más dulces que la realidad, pero igual me alegro.

6:53 p.m.  

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