jueves, enero 18, 2007

Matilde y la que escribe

La que escribe permanece muda. Está, pero no muestra su cara. Desesperada, intento abuenarla: hago una lista de intenciones para el año que empieza. Anoto sin pensar. Después numero cada cosa, jerarquizo. Queda ella en primer lugar.

La que escribe no es tonta e insiste en mi abandono. Tardará tres días en retornar. Y cuando lo hace, en vez de reclamar, le beso los pies, la corono de flores, enciendo una vela. Prometo volver cada noche a su abrazo.

Hoy jueves, Matilde camina a casa suspendida sobre pedacitos de agua que dejó la lluvia. Está feliz. Un papelito en su cartera le dice que quedan muchos días, mucho sol, tanto nieto. Y a la noche, apagará sonriendo aquella lámpara de luz amarilla, diciéndole a su compañero las mismas palabras de siempre, aquellas que le dice después de rezar.

A la misma hora quizá, yo encenderé mi vela, convocaré a la de los pies besados. Envuelta en luz amarilla, mientras ella llega, pensaré en las palabras mías de siempre que el hombre que amo no ha gozado en sus oídos todavía.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Eres como un sueño que no recordamos, pero que nos hace despertar alegres".
jfrancisco70@hotmail.com
francisco

7:51 p.m.  
Blogger claudia peña claros said...

Tu comentario, Francisco, quisiera recordarlo siempre. Gracias.

12:01 p.m.  

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